Henry Luque Muñoz

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Categoría: Poetas
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Personaje famoso y biografia de Henry Luque Muñoz

El taller del silencio Una poetica de la escritura 1. El caos transformador La escritura constituye una forma de la reconstruccion utopica. Podemos entender la creacion literaria como un fracaso, en la medida en que evade criticamente la servidumbre impuesta por las instituciones. No hace falta acceder a cierto legado moderno, heredero del romanticismo, para entender que el arte vigoriza, ni acceder al marxismo para que el creador practique la solidaridad. La creacion como lucidez del sufrimiento nos ilumina sobre los sentidos ocultos del fracaso. La poesia: un fracaso que da vida. No es vocacion de la tinta dar ni recibir muerte. Es verdad que bajo la luna paradojica del romanticismo, poetas acostumbraban a morir jovenes. Pero eran otros tiempos y resulta dificil afirmar que su arte los liquido. Algunos autores romanticos fueron borrados por la inconformidad, la moda de sucumbir en duelo, el prestigio de la tuberculosis, el empeño de una soledad temblorosa, la vanidad de no quedar decrepitos en el naciente daguerrotipo, el ansia metafisica de saquear a la muerte, el anhelo de reencontrarse eroticamente con la amada (Novalis, Von Kleist, ¿Silva?), la celebridad de la palidez, la reputacion de los fantasmas y el ansia de parecerse a ellos, el lujo de querer convertir el acabamiento en una forma de la notoriedad postuma, la voluptuosidad ultramundana... La naturaleza de estas paginas y el afan de quienes las animan, me ha comprometido a hablar sobre mi experiencia personal ante la creacion poetica. En un mundo pavorosamente disociador, el poeta debe dar cuenta del deterioro. ¿Como ha obrado esta nocion en mi? El caos son los otros dentro de mi; no yo, encapsulado en mi mismo. Ingresar en la poesia significa renunciar al yo envanecido por su propio reflejo, renunciar al deleznable cuarto de espejos de las apariencias. Al profundizar en mis catastrofes, me encuentro con los vencidos, los vencidos vivos y los vencidos muertos. La poesia emerge como una sala funeraria donde los cadaveres respiran. En otro sentido, parecido y distinto, lo veo asi: puesto que la estetica de la ruina es una averiguacion sobre el destino de todos, y no de unos pocos, resulta inimaginable prescindir de los otros. Aunque el proceso de configuracion de un camino estilistico o de una sintaxis personal implique un taller, el lenguaje es nada si carece de esa fuerza que lo engendra y lo consolida. Seria como un cascaron reluciente, pero vaciado de contenido. Por ello, creo que la poesia no se hace solo con palabras. Menos con discursos ni con efectos escenicos. Hacer poesia no es solo escribir. Es, tambien, una manera de comportarse ante el mundo. 2. Hacia una zoologia de la creacion poetica El nacimiento de la poesia suele tener filiaciones con el misterio. En mi caso, nunca he terminado de darme una respuesta cabal sobre este asunto, aunque tenga a mano señales, pistas. Alguna vez recogi aquella experiencia sencilla que me recordaba la seductora fuerza del azar, venida en buena parte de la minuciosa combustion surrealista. El azar, frente al papel, no era la dejadez ni confiarse a la inspiracion, sino una forma del rigor, una manera de intelectualizar el lenguaje y la realidad. En el campo, mientras bocetaba algunos versos, teniendo por techo el cielo, me retire brevemente y al regresar vi que una columna de hormigas atravesaba ordenadamente el texto. Me senti orgulloso de ser leido por esas hermanas laboriosas, por esas anonimas de voluntad industriosa. Intente descifrar el ejemplo. En su trabajo, las hormigas solo cargan en la espina dorsal lo necesario, lo cabal, nunca lo inutil. Traspuesto a mi oficio, la verbosidad era el riesgo, la economia verbal el pulso justo. Aquella empresa colectiva de los insectos entrañaba, asimismo, un sentido solidario. Y una disciplina instintiva. Fue Brecht, tal vez, quien afirmo que al optimista le faltan datos. Como este asunto ha desempeñado un papel importante en el oficio creador mio, señalare algo. Andado el tiempo, el pesimismo de la infancia se llenaria de razones. Se hizo una especie de pesimismo optimista, aunque veo que el universo que nos rodea invita mas al cultivo del desastre. La felicidad contemporanea, armada a fuerza de artefactos tecnologicos y repartida selectivamente, constituye una rotunda forma de injusticia. Configura una incursion en la barbarie. La embriaguez neoliberal es el nuevo totalitarismo. Referido el tema del pesimismo a los escritores, no creo, por ejemplo –para mencionar un caso significativo-, que Cioran sea un pesimista absoluto, aun y con su desesperanza canibalesca. Para ser canibal se requiere al menos la ilusion de devorar. No me extraña que Cioran sea rumano: parece una filial de su paisano mitico, Dracula, aquel conde-murcielago; de ahi su aficion a succionarle la sangre al lector, a empalarlo con sentencias demoledoras. Tal vez el pesimismo verdadero sea dejar de escribir. El encanto y el desencanto pueden suscitar una tinta arrebatada. El poeta es un animal de sangre caliente cuando vive, pero debe ser un animal de sangre fria cuando escribe. Y suele ser debil: vive con frecuencia aplastado por su biografia y por los horrores de la epoca. Escribir es su manera de respirar. Su reto se asemeja al destino del atleta solitario, sin galeria, sin aplauso, ni competencias: no se trata de vencer, sino de nutrir un ritmo tenaz y sostenido. La creacion y la lectura son, en alguna medida, una vuelta al estado de gracia de la niñez. La paradoja de la poesia radica en sobrevivir a fuerza de descifrar la catastrofe. Quiza una felicidad eficaz, es decir que nos abarque justicieramente a todos, sin adulaciones neocoloniales a la abnegacion, no sea mas que el esfuerzo solidario por participar en la transformacion de la realidad. En este empeño, por distintos caminos, se acercarian Santo Tomas y el Marques de Sade; Sor Francisca Josefa del Castillo y Guevara y Jorge Gaitan Duran. En Colombia –pais que pone cerca de 30.000 muertos anuales-, ademas de la agresion explicita regular del cuerpo, el corazon y la cabeza de los ciudadanos, existe una metafisica silenciosa, agresiva y despiadada: aquella que promueve la pasividad, el subjetivismo endogamico, la dejadez como principio de vida, el retorno a un egoismo aderezado con sentencias fosilizadas. El pacifismo: un pretexto para ejercer la indiferencia. La pereza postmoderna se inscribe en tal contexto: en el ambito de los jovenes dinosaurios. La aspiracion a retornar a la esencia es un modo de rescatar el origen. El poeta vuelve sagazmente a lo animal, a los instintos prohibidos o controlados para extraerles inteligencia y agudeza. La intuicion primaria constituye una manera de volver a los comienzos. El triunfo de los instintos y de sus fuerzas mediaticas, los sentidos, induce al triunfo del conocimiento. Desde los simbolistas, el poeta moderno entiende que las sensaciones desempeñan el papel antes asignado al alma romantica. El poeta quisiera oler la realidad con la agudeza del perro, ver la lejania inabarcable como el aguila, aventurarse en el tacto de las tinieblas con la seguridad del murcielago, oir la musica de lo invisible; dominar el arte del buho: dormir con los parpados abiertos, de cara al libro; ser voraz como ave de presa para ahondar en todos los generos, tiempos y culturas; internarse bajo tierra, en inaccesibles dominios, para arañar el caparazon de la muerte, alli donde reina el gusano y crece la raiz de la mandragora. 3. El cuerpo como escritura Cuando niño, fui una arcilla desleida que se avergonzaba de estar viva. Intuia el tiempo futuro como una vastedad atroz. Lo peor era estar solo entre tantas gentes: la escuela, los parientes, los vecinos. La soledad impuesta es una desdicha; la soledad anhelada, un lujo. En mi cuerpo, el deporte del futbol opuso una audaz gesticulacion a las tensiones autoritarias que los dogmas propagaban. Mi cuerpo hallaba su manera de cultivar la fantasia: queria salirse de si mismo, ser otro, ya no aquella rigidez itinerante. Es verdad, llegue tarde a los libros, pero trataba de leer un destino en las lineas de la frente de mis padres. Una de las sugestiones poeticas que con el tiempo aclamaria mi memoria, me llego con la resonancia oral, no con el texto escrito. Niño, por el oido izquierdo ingresaban las canciones que a diario mi madre, con su insobornable instinto artistico, entonaba en casa, ejercicio de su vocacion de soprano coronada en el Conservatorio Nacional. Por el otro oido, por el derecho, me llegaron las historias de la selva, sobre tarantulas y anacondas, que mi padre me contaba con ese frenesi de quien ha acariciado con sus propias manos el embrujo. En su memoria se agitaba un jardin zoologico venido de la jungla real del Amazona. En la adolescencia, comprendi sin entenderlo que escribir era un proceso de autodestruccion, que soñar en triunfos significaba, quiza, empobrecimiento mental. Despues comprenderia mejor este asunto cuando lei que el inefable Samuel Johnson escribia sobre el clerigo Jonathan Swift: “Pronto comenzo a sentir parte de la miseria de la grandeza. Tal vez se trataba de seguir el ejemplo de los pajaros: emprender el vuelo sin que nadie lo notara. Adolescente, tras mucho batallar redactando esforzadamente, al cabo de arduos meses, logre construir una pagina legible de ocho lineas que logro presentarse en sociedad en un suplemento de amplia circulacion. Era un lujo de juventud. Cierto dia, con los zapatos enfangados arribe a casa y mientras pisaba alegremente papeles que alfombraban el piso, descubri que eran las paginas de mis versos publicados: el azar me pasaba, asi, la primera factura por envanecimiento. Borraba de momento con los pies, lo que habia escrito con el corazon. Entonces pensaba que amor y literatura eran invenciones de adolescencia. Y no estaria tan descaminado, pues ambos sugieren una vitalidad perpetua. ¿Que relaciones percibiria entre la literatura y el inevitable amor? El amor es una escuela del conocimiento; la poesia: el amor a las tensiones del silencio. En las relaciones hombre-mujer, bajo la fuerza de un exaltado corazon, el instinto configura esa dualidad insolita: oraculo voluptuoso y exquisita camara de torturas. El amor es la desnudez del silencio compartido. La literatura y el amor son inconcebibles sin la intensidad. La intuicion enamorada forja un ambito propicio a la creacion. La escritura supone un fervor amoroso, un idilio instintivo con la realidad y con el lenguaje, no exento de esa racionalidad critica que permite construir deformidades como el Ricardo III de Shakespeare –deformidad ajena a la evidencia historica- o la celebre cucaracha kafkiana. Ser poeta significa adiccion a la vida, aunque los temas que visiten la escritura tiendan a recoger el luto de los hombres. Imitar ejerciendo una copia de espejo significo en los comienzos introducirme secretamente en la creacion. Nada nuevo: la imitacion era, lo afirmo Aristoteles, una manera de abrir las puertas hacia la creacion artistica. Dibujar las letras aplicandoles mi propia fuerza, provenia de cierta aficion familiar, en la que curiosamente, mis padres coincidieron: el gusto por la caligrafia, la pasion por conferirle a lo impalpable una silueta perfecta. Cada letra: un cuerpo vivo. Al escribir, sentia como la tension de la mano transfiguraba la sangre en esa leche hermosamente oscura que es la tinta. Me figure que habia escrito Poeta en Nueva York porque lo habia puesto todo en mi puño y letra. ¿Era copiar, sin mediaciones, una forma de la escritura automatica? Sin duda, uno de mis primeros ejercicios fue la copia simple, ni siquiera la imitacion. Puro trabajo de amanuense. Despues, asumi el oficio de copista, de una manera consciente. Y lo emprendi con moldes venidos del surrealismo. La Antologia de la poesia surrealista de Aldo Pellegrini, me acerco a esta practica tan antigua. Recuerdo a los colegas de la llamada Generacion sin nombre, como una especie de biblioteca itinerante, una biblioteca tan desordenada como util, fervorosa y empecinada. Recuerdo al poeta Aurelio Arturo: un Homero local en la mesa de la amistad y de la sabiduria silenciosa. En la ardua busqueda de un lenguaje personal, me acerque a vanguardias poderosamente sugerentes; me instale en un gusto, en unas preferencias: el protagonismo de la imagen, el inicial empeño automatico, la diccion propensa al absurdo, la alianza moderna entre sueño y realidad. Saber que la escritura poetica plasmaba un dialogo con el inconsciente y, por tanto, con fuerzas latentes del mundo; sospechar que la realidad estaba ahi, agazapada bajo la mediacion del ardor imaginativo, me descubrio nuevos horizontes. Entonces –pensaba-: la funcion de la poesia es mostrar la cara oculta del mundo, sugerir la porcion de misterio que contribuye a hacer lucida la realidad. Pero jamas me satisfizo abandonar el lenguaje a una mera eficacia formal. La intensidad de lo real compromete mi lenguaje y no solo la intensidad de las palabras. La leccion que crei entender y que he cultivado hasta hoy radica en que, de una mano deben ir las propuestas sensibles de la vida y de la otra las propuestas de los libros. De la sintesis organica de estas experiencias surgira la escritura. Para mi, la creacion poetica no funciona si falta alguna de los dos. El cuerpo y sus miradas deben ponerse de acuerdo para realizar estos cruces, sin excluir la contradiccion. Una poesia libresca, me huele a orin, a texto escrito por la polilla. Y sin embargo, no descarto a aquellos poetas cuya letra viene lucidamente de los libros. Memorizar poemas insinuaba, al comienzo, apenas una aerobica sensible que, mas tarde, me permitiria descubrir sus ocultos significados: en realidad, queria fijar versos y poeticas en el cuerpo, imprimir vocabularios en el sistema nervioso, anegar la memoria de ritmos, musicas, imagenes, que luego regresarian a la tinta para modelar mi escritura. Recuerdo las declamaciones de la epoca escolar: las palabras salian de la boca y provocaban el movimiento de los brazos, la cabeza giraba en la orbita del lenguaje, la voz sacudia el esqueleto entero, suscitando a la vez contraidas gesticulaciones en el jovencisimo auditorio. Memorizar poemas era, en verdad, una manera de comenzar a escribir. La voz no era menos importante que las palabras. Conservar la memoria de otros, me conduciria a la necesidad de identificar mi propio pasado. Fijar poemas era, en cierto modo, construir una arqueologia de la subjetividad y de la experiencia, el modo de prolongar los viejos impetus del romanticismo, estrategia involuntaria para actualizar el pasado. Para mi, ser adicto a los libros traduce una manera de interesarse por los hombres. No entiendo a quienes leen para justificar la indiferencia o el odio; a quienes adoran a la humanidad, pero no pueden ver a nadie. Tampoco a quienes viven el amor como pretexto para ejercer la dictadura sentimental o la adiccion a la servidumbre. Entiendo actitudes asi por las iniquidades que impone nuestra vida y, por supuesto, constituyen jugosa materia literaria. Admiro esos personajes en cierta literatura, no tanto en la vida. Cela decia, repitiendo a su manera a Goethe, que el amor es una enfermedad del sistema nervioso. La forma como Shakespeare potencia la venganza hasta adquirir una rara dignidad por fuera de todo canon, sin caer en la tentacion facil y simplista del moralismo, nos instala ante el prodigio, pero repudio a los vengadores reales y profesionales. Ahora, me desplazo hacia el recuerdo. Ignorante de si mismo, aun nadando en el oceano de la biblioteca, el hombre comenzo a ofrecerseme como Pindaro cifradamente lo llamo: “el sueño de una sombra. Homero, Milton y Borges ciegos, constituyen ejemplos emblematicos de una manera unica de ver la luz, de una lectura peculiar de las sombras. Me urgia buscar una identidad movil. Algun lenguaje de partida. Como la realidad palpable existe, el dialogo entre palabra y vida me propuso este armisticio: el lenguaje constituye una manera de forzar a la caotica realidad a transformarse, escamoteando las endurecidas representaciones mentales y sus maquinas de justificacion, las instituciones. La nocion de caos en Colombia, conduce a una estetica de la carencia, a un arte de la ruina. Por este camino, terminaria yo convencido de que la poesia y el arte se ubican en el extremo opuesto de la violencia. Pues toda sensibilizacion critica, activa, hacia el mundo, implica un rechazo de esas catastrofes programadas o alimentadas por la deshumanizacion institucional. Por este camino, la vision de Mathew Arnold me cobijaria: la poesia es una critica de la vida y de la sociedad. Asi que mi actitud mental y literaria podria definirse como el transito de un frenesi soñador a un saqueo regular de la experiencia. Es decir, de una especie de paleolitico de la subjetividad a un renacimiento de intencion moderna, sin que crea haber llegado a ninguna parte. Por supuesto, se necesita una certeza fundamental para escribir, pero tambien la humildad de reconocerse en la incertidumbre, esa niebla acosadora e inevitable de transitar en el vacio, porque estamos rodeados de precipicios y, tal vez, el mayor abismo esta en nosotros mismos. 4. Viajar: un palimpsesto Viajar constituye el anhelo de buscar y descubrir nuevos lenguajes. Asi comenzaba a identificarme con aquel empeño moderno: la necesidad del hombre de abrirse a distintas culturas y a diversas epocas. Una prolongada permanencia de años en Rusia y Europa, me convencio, en buena parte, de la eficacia de ese proverbio oriental: “Mas vale ver una vez, que oir mil veces. Viajar ha sido tambien una forma de la emancipacion, la huida del doble pecado original de mi infancia: el conflicto familiar y las penurias economicas. ¿Huia del pais, acompañado de la mano de Sara? Lo ignoro, pero con absoluta certeza escapaba, si, de una epoca. Haber sido invitado a trabajar en los archivos literarios rusos, no borraba mi condicion fugitiva. Aceptar casi irreflexivamente una invitacion sovietica, sin exhibir carne del partido comunista, me ha convencido de que se trataba casi de un designio. Nunca tome una decision mas instintiva y mas sabia, nutrida desde luego, por una consciente ambicion cosmopolita, por el afan de ilustrarme con nuevos mundos. En el cruce del viaje liberador y de la letra escrita, conseguiria ahondar en el proceso de una redencion, una catarsis, un exorcismo, tarea que no ha culminado, que jamas se termina. He aqui una utilidad de la poesia: lavar las heridas e intuir sus causas. La literatura y los viajes se asemejan en diversos aspectos: cuando se escribe una pagina o se emprende el peregrinaje, es como si fuera la primera vez. Cada poema, cada viaje, inauguran un mundo. Y cada vez que se visita una ciudad, un pais, ya son otros; a veces ni siquiera conservan el nombre, como en esos ejemplos conocidos: Constantinopla se ha transformado en Estambul; Abisinia en Etiopia. San Petersburgo ha sido Petrogrado y Leningrado... Tampoco estan siempre en el mismo lugar, ni del mismo modo, hay pueblos itinerantes. La Union Sovietica ya no existe. Y ello sin evocar sugerentes ambitos de otro orden: la ciudad que soño Campanella, las ciudades invisibles de Italo Calvino. Pero en la poesia y en el viaje hay tambien una cuota de muerte: en los dos casos algo se abandona, algo se rompe, algo se transforma, algo queda abolido. Viajar por la pagina en blanco o hacia nuevas latitudes geograficas es emprender la busqueda del paraiso perdido. Alejarse es una forma de acercarse. La experiencia de cambiar de escenario, de idioma, de amigos, en esa lejania, le impuso a mi cabeza el oficio fervoroso del recuerdo. Cultivar la nostalgia era, entonces, una manera de ser colombiano. La vuelta sobre las heridas personales y la herida que ya en si misma es Colombia, se afirmaba cada vez mas como el afan de releer el deterioro para hallarle una respuesta desde la poesia. El riesgo del exilio interior y exterior es la amnesia y con ello la renuncia a ofrecer alguna luz sobre los origenes profundos de una tragedia. De la tragedia y el goce de estar vivos en un tiempo concreto, bajo la combustion de fuegos cruzados. Querer suprimir el pasado es caer en el fanatismo de la nada. ¿Que traeria de esas lejanias tangibles? Lo que me ocurrio en tierras vastisimas, conformadas por Republicas que se estiran hasta el oriente, fue rescatar parte de la imaginacion que en la niñez opuse a la soledad. Se que, en lo profundo, fui deportado a la lejania por voces oscuras de la infancia; la represion escolar fue para mi como un campo de concentracion. La rudeza feudal de los gobiernos de la epoca me llegaba en la vara del maestro. El castigo impone el miedo; el miedo, la soledad. Y la soledad invoca a la muerte. La leccion de la mano que escribe con su indice, me devuelve en la memoria, a una antigua experiencia rusa: Mijail Lermontov poeta romantico, feudalmente privado de su pluma y su papel, debio bocetar sus versos, con el dedo encenizado, en las paredes de la prision. Al encerrar su cuerpo, pretendian tambien hacer cautiva su tinta. El fervor con que, ya en nuestro tiempo, se reunen en Rusia multitudes enteras a declamar espontaneamente en el aniversario de poetas desaparecidos, en torno a sus tumbas, me acerco una bella manera del erotismo de ultratumba. Los cementerios se doblan de teatros. Los muertos hablan por la lengua de los vivos. El buen lector, como no: un ave de presa, un devorador de agudos cadaveres. En Rusia, cuando alguien muere, es llevado a hombros el cadaver, la cabeza del muerto ligeramente levantada, sobre un almohadon, en un feretro sin tapa. Antes de la cremacion, un fotografo dispara ese retrato en que el finado posa con los dolientes. Y, despues, en casa o en un restaurante, aguarda la paminka , esa especie de cena funeraria, ese ritual de mesa en que los parientes y amigos se acompañan e intentan mitigar su pena, mientras consumen unas viandas que ya no parecieran de este mundo. El muerto tiene obligatoriamente un lugar en la mesa con su copa ceremonial para los brindis. En verdad la preside. Una corporeidad tan vehemente como invisible. Esta comunicacion tan natural con el alla, me parecio vivamente impregnada de poesia y siempre que asisti a una paminka , volvi a casa con la sospecha de haber tenido una cena en evanescentes e indescifrables dominios. Nunca fui ciego a los extravios del sistema sovietico, pero, al mismo tiempo, algunas de mis prevenciones se desmoronaron en el propio terreno, ante evidencias que ignoraba. Esta carencia provenia de esquemas construidos por esa aficion capitalista y occidental: el cultivo casi fundamentalista de los prejuicios, el desden gratuito por otras culturas. Pero accedo al llamado del tren para fugarme a una nueva lejania. Llegados mis pasos al oriente, por la via del Transiberiano, unos huesos de mamut, milenariamente sepultados en el desierto de Gobi y recien descubiertos, me indujeron a sospechar un magisterio nuevo. Vi en esos animales, macho y hembra, un amor que sobrevivia bajo tierra: pudricion majestuosa de los cuerpos, pasion viajera que doblegaba al invencible tiempo. Los fosiles me remitieron tambien a la necesidad de ordenar el caos. Se podia vivir , aun bajo el acecho de ignoradas fuerzas, en este caso teluricas, para buscar un orden personal en el cual sobrevivir. Ese orden solo podia procurarmelo el lenguaje. Aquel suceso polvoriento imponia su leccion, confirmandome que la lectura del caos implica forjar un camino, ajeno a la miopia de las emociones personales y al autoritarismo de los canones. La ulterior enseñanza me la confirmaria el Ganges: una vaca muerta abrigaba su ternero vivo en las entrañas. Como en el mamut, la muerte contenia vida. En el respiraba vivisimo el tiempo. Estaba furtivamente preñado de futuro. Asi entendi una secreta forma de la esperanza. La osamenta del mamut era como una pluma seriada que imponia su facsimil al polvo. Viajar es emprender una vuelta a la imaginacion infantil, alli donde lo soñado se convierte en evidencia ante la mirada: lagos como mares, dias y noches que se funden en una sola franja en el cielo, ciudades con islas flotantes, -como San Petersburgo y Hangzhou-, pueblos itinerantes como aquellos de Mongolia que puntualmente escapan de los vientos –cada mongol toma su casa de fieltro bajo el brazo-; trenes como juguetes perpetuos que hacen sonar sus fierros infatigables por paises helados y ciudades que arden; lejanias selvaticas donde en un claro de la espesura india un aviso impone las bodas del peligro y el hechizo: “Cuidado con los tigres... Y entre tantos paisajes, el regreso a Colombia, la fatiga del hielo aun volatilizado bajo el esqui, soñar con el corazon mundano y perpetuo de la primavera tropical, el convencimiento de que se habia cerrado ya la aventura minuciosa del peregrinaje para abrir las puertas del exodo sobre la cultura y un nuevo viaje a la poesia. Rusia -o la Union Sovietica- modifico, entre tantas cosas, mi percepcion de la audiencia poetica: alli, acudia a los recitales un publico tan nutrido que, en ocasiones, a las puertas de un estadio o de un teatro resultaba inutil buscar entradas. Por lo comun, la nutrida asistencia sabia de memoria los poemas recitados por sus autores y algunos asistian casi solo para ver al poeta teatralizando sus propios versos. He ahi la poesia como una manera de ser del cuerpo, como una entonacion de los sentidos. Habia, en lo inmediato, una diferencia con Colombia y America Latina, ademas del volumen colosal de asistentes a los eventos: los poetas saben de memoria sus incontables paginas. Creen en el poder comunicativo de la palabra y de la poesia. En su actitud frente a la audiencia, el poema no es una construccion mendicante, sino un airoso reflejo de la vida. La experiencia rusa desvanecio para siempre mi prejuicio sobre la presunta inutilidad de la creacion poetica. En nuestro tiempo, Walter Benjamin lo afirmo a su manera: “La desdicha tiene su utilidad. Quienes promueven el arte como inutil, le prestan callados servicios a la violencia. Por este camino, podria entenderse que no vale la pena iniciarse o profundizar en el arte y la literatura, y que leer libros es una estupidez, con lo cual se entenderia que sensibilizarse deriva en torpeza. Por el contrario, el rigor estetico sugiere una verdad: el mundo debe ser mejorado. Para ello, debe ser reescrito por una memoria rigurosa y sensible que lea en su interioridad lo esencial, rebasando la falacia de las apariencias y de los tecnicismos. 5. La confluencia de las aguas Por todos los caminos esbozados en estas paginas, concluyo que la construccion de un mundo poetico traduce el esfuerzo por volver a la infancia, por rescatar la primera mirada, y con ella, la vuelta al primer hombre, a la intuicion primigenia. Volver al despojo, a la desnudez critica. He señalado que la poesia es tambien una actitud, una manera de vivir. La fantasia cobra vigor gracias a su aptitud para ahondar en lo real, sospechando su misterio. Resulta posible emprender un vuelo subterraneo. Asi, el cuerpo es un medium de las energias mas ocultas y su gesticulacion constituye una forma de la escritura. El poeta sentado frente a sus papeles comienza a dibujar un circulo, se acerca a la forma que le imprimio originalmente el saco amniotico y a la redondez del mundo. Comienza a buscar una orbita en la cual girar. La escritura traduce una forma del erotismo, pues toda creacion alcanza su voluptuosidad por la via de lo intenso, al tiempo que compromete la intimidad entera. El poeta solo se encuentra cuando mirandose en el espejo, descubre en el si mismo a los otros; cuando aprende copiando, como esos amanuenses de la antiguedad que, mientras transcribian alteraban creadoramente el original. Convencer al cuerpo de consagrarse a lecturas y escrituras, configura una manera de entregarse al mundo. La joven escritora china Shan Sa sugeria en reciente entrevista, la relacion entre disposicion corporal y creacion: “Mi literatura es un arte


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